
Episode 24
Episode 124 | 44m 51sVideo has Closed Captions
Cárdenas pieces the case together and discovers that Gaspar Sanfuentes is Pedro Ramírez's brother.
Gregorio pressures Cárdenas after Ramírez's detective begins asking questions. Unaware, Cárdenas pieces the case together and discovers that Gaspar Sanfuentes is Pedro Ramírez's lost brother. With this leverage, Cárdenas goes back to Captain Sanfuentes and reveals everything.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is presented by your local public television station.
Distributed nationally by American Public Television

Episode 24
Episode 124 | 44m 51sVideo has Closed Captions
Gregorio pressures Cárdenas after Ramírez's detective begins asking questions. Unaware, Cárdenas pieces the case together and discovers that Gaspar Sanfuentes is Pedro Ramírez's lost brother. With this leverage, Cárdenas goes back to Captain Sanfuentes and reveals everything.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
How to Watch Hijos Del Desierto (Sons of the Desert)
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is available to stream on pbs.org and the free PBS App, available on iPhone, Apple TV, Android TV, Android smartphones, Amazon Fire TV, Amazon Fire Tablet, Roku, Samsung Smart TV, and Vizio.
Providing Support for PBS.org
Learn Moreabout PBS online sponsorship[♪ música de tensión] [disparo] - ¡Alto!
¡No se muevan!
- ¡Mientes!
[disparos] - ¡Ah!
[♪ música de tensión] - Me contaron que tú le disparaste a Joselito, ¿es verdad?
- Fue en defensa propia.
Quiso dispararme a mí y a Cornejo, ¿sí o no, Cornejo?
- Así es, comisario.
- ¿Y por qué tanto interés, Ramírez?
¿Ah?
- Porque supe que Heim estaba a cargo de la investigación de la muerte del viejo Anselmo.
- Mira, yo tomaba desayuno todas las mañanas con ese cabro que va al cementerio, ¿hmm?
Yo mismo lo saqué de la escuela de policía y me lo traje aquí a Valparaíso.
Se iba a casar con una cabra rebuena moza.
Mira, Ramírez, yo no soy ningún santo, ¿ah?
Pa qué nos vamos a andar engañando.
Pero si matan a uno de los míos, eso sí que no.
Así que, si tú te llegái a enterar que no fue el Joselito el que mató a Heim, me avisái.
Porque a mí no me va a tiritar la mano con nadie, Ramírez.
Con nadie.
Así que ahora, por favor, dame permiso para vivir mi duelo tranquilo.
- Te creería... Si no fuera que en este caso hay muchos testigos y policías muertos.
Que no se te olvide que yo también tengo vela en este entierro.
Ayudándolo a sentir.
[♪ música de tensión] [silbido] - Partiste.
[ladridos] [♪ música de suspenso] - El detective Heim debería estar ahora paseando con su novia.
Tomándose un café en el Colonia, o... buscando un traje para su matrimonio.
Estaban ahorrando para casarse, Eloísa.
- No te culpes, Gaspar.
Es terrible lo que le pasó a ese joven.
¿Pero qué podías haber hecho tú?
- Esa gente que estaba gritando en la calle tenía motivos para estar enojado.
Mi gestión ha sido un fracaso.
- No, no, Gaspar.
¿Cómo se te ocurra decir algo así?
- Sí, yo vine pensando que con mi educación, que con mis métodos modernos, iba a poder combatir el crimen en Valparaíso.
Y lo único que hice fue arrastrar a Heim Fui yo el que lo motivé.
Él solo quería demostrar que era un buen policía... - No, Gaspar.
Mira, escúchame.
Yo hace poco perdí a mi primer paciente.
Fue algo terrible para mí.
Yo pensé que no lo, no lo iba a superar nunca.
Pero hace dos días yo le salvé la vida a un niño.
Y fue algo maravilloso.
Lo que te estoy tratando de decir es que así son nuestros trabajos.
Estamos constantemente lidiando con la vida, con la muerte.
Lo que es importante es quedarse con la tranquilidad de haber hecho todo lo que estaba a nuestro alcance.
Y a mí no me cabe duda que tú lo hiciste.
Estás siendo muy duro contigo.
- Perdóname.
Tú debes estar muy afectada con lo que pasó con tu papá y yo te vengo con estos problemas.
- No.
Con mi papá ya estamos bien.
Lo conversamos y, y estamos bien, no te preocupes.
- Me hace tan bien estar contigo.
Pensar que nos vamos a casar, que... que nos vamos a ir lejos de acá y vamos a tener una nueva vida juntos.
Todo eso... me hace muy feliz.
[♪ música romántica] - Bueno, una... una pena lo que ha pasado con Heim.
Nuestro primer mártir de la institución.
Que en paz descanse.
Un aplauso.
[aplausos] Y a seguir trabajando, muchachos.
Vamos.
- Comisario.
[teléfono] - ¿Aló?
Sí, buenas tardes.
Lo comunico.
Comisario.
- ¿Ah?
- Tiene una llamada.
- Voy.
Gracias.
¿Aló?
- Cárdenas.
Gregorio Sanfuentes al habla.
- Ah.
¿Cómo va, amigo?
- La verdad, preocupado, hombre, por Dios.
Resulta que tuve la desagradable visita aquí en mi casa de un detective privado.
Olivares, Diego Olivares.
Dice que está investigando el asesinato por encargo de Pedro Ramírez.
¿Usted conoce a este tipo?
- No.
No.
No lo ubico, ni en pelea perro.
- ¿Y usted sabe lo que esto significa?
Ramírez está metiendo sus narices hasta el fondo.
- Tranquilo, amigo, tranquilo.
- ¿Cómo quiere que me tranquilice?
Le pago mucha plata para que me mantenga informado.
Y resulta que hay un tipo haciendo preguntas y usted no tiene la menor idea.
- Bueno.
Voy a hacer mi averiguación y le cuento.
Tómese algo para los nervios.
Buenas tardes.
Futre de... [♪ música de suspenso] [golpean puerta] - Adelante.
- Colega... - ¿Sí?
Una preguntita.
¿Usted tomó la declaración de la doctora González por el homicidio de la gala, ¿no?
- Sí, yo fui.
- Ah.
Ella contó que se supone que el viejo estaba ahí buscando a un oficial que había robado al hermano Ramírez.
¿Qué fue exactamente lo que dijo ese hermano?
- ¿Por qué me mira con esa cara?
¿Ah?
¿Usted cree que es al único que le importa la muerte de Heim?
Aquí a todos nos importa.
Y lo mínimo que podemos hacer por él y por su memoria es seguir investigando lo que estaba haciendo, ¿no le parece?
- No recuerdo exactamente.
Pero está todo archivado en el expediente.
1274, Anselmo Brito Carmona.
- Me lo llevo.
[suspira] [teléfono] [♪ música de suspenso] Gracias, Soto.
[♪ música de suspenso] - ¿Y?
¿Cómo te fue con la revista?
- Ya me la leí casi toda.
Me hago un crucigrama y ya estoy listo.
- Muy bien.
Cuando salgas de aquí, los dos vamos a tener una conversación importante, ¿bien?
Me gustaría mucho que fueras a la escuela.
- ¿A la escuela?
- ¿Y pa' qué?
- ¿Cómo que para qué?
Para que aprendas cosas nuevas.
Para que seas más pillo.
- Pero yo te sé leer, te escribo, te sumo y te resto.
¿Pa' qué querí más?
- No es suficiente.
- ¿Cómo está el paciente?
- Doctora, aquí está el paciente.
Porfiado como siempre.
Le dije que me gustaría mucho que fuera a la escuela.
- Ay, eso sería maravilloso, Piojo.
Con lo inteligente que eres, podrías lograr muchas cosas.
- Ve, escucha a la doctora, hombre.
- Ya, ¿y ustedes quieren que yo me ponga corbata y que vaya todos los días a clase así como, como a los giles?
- Los giles son los que teniendo la oportunidad de ser mejores, no lo hacen.
Esos son los verdaderos giles.
Y menos mal que hay giles como la doc... Perdón, con todo respeto, doctora.
Personas como, como ella, que estudiaron todo el día.
Porque si no, ¿quién te hubiese salvado la vida?
¿Hmm?
¿Quién te hubiese operado?
¿Ves?
Hay que estudiar.
Doctora, ¿me permite un segundo, por favor?
- Sí, claro.
- Mire, aprovechando que estoy aquí, me gustaría preguntarle si ese día que usted atendió a Anselmo, ¿no le encontró una medalla con una virgencita?
Lo que pasa es que esa medalla es mía.
Yo se la había prestado, no le sirvió de mucho, pero me gustaría mucho recuperarla.
- Ahora que me lo dice así, algo me acuerdo.
En todo caso, todos los objetos personales de Anselmo se fueron con él, al Instituto Médico Legal.
- Entiendo.
- Pero déjeme hacer una llamada, conozco a alguien allá.
Deme un segundo.
- Gracias.
[chistido] - Pedro, ven p'acá.
Y a propósito de giles, ¿Tú cuándo vai a hablar con la doctorcita?
- ¿Hablar de qué?
- ¿Cómo que de qué?
Convencerla de que no se vaya con el tigre ese feo.
tigre Y que se quede a pololear contigo.
- Ah, ¿qué estái decidiendo, hombre?
Mira, yo creo que si no habláis ahora, va a pasar la vieja.
Yo te digo nomás.
- Ya, deja de hablar tontera y preocúpate del crucigrama, mejor.
- Entiendo, señor Luna.
Muchas gracias.
Sí, cuídese.
- Permiso, doctora.
¿Supo algo?
- Sí, bueno, los objetos personales de Anselmo fueron enviados al cuartel de policía para ser periciados como evidencia.
- Entiendo.
- ¿Parece que era importante esa medalla para usted?
- Sí, era el único recuerdo que me quedaba de mi madre.
- De todas formas, muchas gracias, doctora.
- Pedro, espere.
Eh... Bueno, yo quería darle las gracias por la conversación de ayer.
Por todo lo que me dijo de mi padre.
De verdad que fue muy importante para mí enterarme de algunas cosas.
- Qué bueno que le sirvió.
Como dicen, siempre es mejor tener la película clara.
- Claro.
Si usted fue muy oportuno y sus palabras llegaron en el momento justo.
Yo creo que alguna vez, eh, se lo dije y lo sigo pensando.
Usted es un hombre inteligente, sensible, creo que podría lograr muchas cosas.
Tener una vida honrada y ser una persona de bien.
No que usted no sea una buena persona... Pero bueno, yo creo que usted me entiende.
- La entiendo, doctora.
Y si yo fuese una buena persona, ¿usted no se iría?
¿Se quedaría aquí en el puerto?
- Pedro, yo... [carraspeo] Yo no he dicho eso.
Eh... Y por supuesto que no.
Por favor, le pediría que no insista con ese tipo de comentarios o de preguntas.
- A veces lo pienso, ¿sabe?
Sueño con eso.
Con no tener que estar pendiente de que en la esquina me vayan a moler a palo.
O no tener que dormir toda la noche con un cuchillo bajo la almohada.
Tener una vida tranquila.
Estar en paz.
¿Pero sabe cuál es el problema?
Que si yo no hubiese tenido la vida que tengo, yo no podría mantener este consultorio.
No podría darle comida ni techo a mi gente.
Apenas alcancé a estar un año en la escuela de la oficina salitrera.
¿Quién sería yo ahora?
¿Sería uno más de esos compadres que están en el muelle esperando a que los carguen con un saco?
Cargados como bestias.
Me pagarían 10 pesos el jornal.
Esa sería mi vida.
Y lo peor... es que estaría al lado suyo y usted no me miraría.
Esa es la verdad, Eloísa.
Esa sería mi vida si yo hubiese tenido una vida honrada.
Cuídese.
[♪ música emotiva] - Que le vaya bien, Antonia.
La espero mañana a almorzar.
Salúdeme a don Gregorio y a Gaspar.
- Nos vemos.
- Señora Williams.
- Sir Bormann.
- Me contaron en su casa que andaba por este barrio.
La llevo de vuelta.
- No se preocupe, prefiero caminar.
- Una mujer como usted, sola, caminando por este andurrial.
Yo no lo permitiría.
Por favor.
Adelante.
- Josefina estuvo en mi casa ayer.
Fue muy violenta, muy desagradable.
Y me amenazó.
- Tiene el mismo carácter explosivo de su mamá.
Pero está muy preocupada por lo de Gaspar.
Ya se le va a pasar.
Lo que me preocupa es que insinuó que tú y yo somos amantes.
- ¿Y no lo somos, acaso?
[♪ música suave] - Me dijiste que me ibas a llevar a mi casa.
- Te mentí.
[risa] - Y ni te arrugas.
- No, ni me arrugo, pero lo sabe perfectamente.
- ¿Dónde me llevas?
- No, no quiero arruinar la sorpresa.
- No, Cornellius, no estoy para juegos.
- Yo tampoco.
Señora Williams, ha llegado el momento que usted cumpla con sus promesas.
¿Usted quería algo sorprendente?
Bueno, al lugar que te llevo, literalmente, te va a volar la cabeza.
[♪ música suave] [teléfono] [golpean puerta] - Adelante.
- ¿Me mandó a llamar, comisionado?
- Cierre la puerta y tome asiento, por favor.
- Sí.
- Soto.
Quiero que vaya a la bodega donde encontramos a Joselito y pericie de nuevo el lugar.
Ponga especial atención en el ángulo de los tiros.
Hay demasiados cabos sueltos en este caso y necesito saber por lo menos si Cárdenas actuó bajo el protocolo.
- Lo siento, comisionado, pero no lo voy a hacer.
Mire, yo estaba tranquilo en mi laboratorio hasta cuando usted llegó.
No ha sido nada de fácil sobrevivir todos estos años en este cuartel sin ensuciarse las manos.
¿Sabe cómo lo logré?
Siguiendo el sabio consejo de mi santa madre.
"Hijo, usted siempre de huevón por la vida".
- Yo entiendo su situación.
Pero le estoy dando una orden.
- Cierto, comisionado, pero usted se va y yo me quedo.
Y me alegro por usted.
Sinceramente se lo digo, después de todo, yo mismo le di el consejo que tomara a su novia y se fuera lejos de acá.
Porque esta no es vida para usted.
Pero lamentablemente el que se queda soy yo.
Y no quiero ganarme el odio de Cárdenas y todos sus compinches.
Comisionado, me quedan solo seis meses para jubilarme.
Pretendo estar vivo para cobrar mi pensión.
[golpean puerta] - Adelante.
- Comisionado, Pedro Ramírez está acá y dice que quiere hablar con usted.
Le dije que estaba ocupado, pero él insiste.
Dice que usted tiene algo que le pertenece.
- Dígale que pase.
- Buenas tardes.
- Ramírez.
No sé qué pueda tener yo que le pertenezca a usted.
- Una medalla que llevaba Anselmo Brito cuando lo mataron.
Esa medalla de la Virgen es mía.
[♪ música de suspenso] [Margot] Estás entrando tarde y en otro tono, Claudio, de nuevo.
Vamos.
Un... [♪ Dream A Little Dream of Me] No, vamos pa' arriba.
[habla en inglés] [♪ Dream A Little Dream of Me] - Ah, perdón, perdón, perdón.
- Pero ¿qué estás haciendo aquí?
¿Qué pasó?
- Tengo una reunión con el comisario Cárdenas.
- Uy, te he dicho que me carga.
- Sí, a mí también, lo encuentro un mal necesario.
Pero no quiero interrumpirte.
Sigue, sigue con tu ensayo.
- No te preocupes, pero nos vemos más tarde.
- Sí, sí.
- Don Gregorio, su botella favorita está servida en el privado.
- Bien.
- Y el comisario Cárdenas también lo está esperando.
- Gracias, Beto.
- Por favor.
Comisario.
- Don Gregorio.
Me imagino que si me hizo venir hasta acá es porque tiene novedades.
- Sí, claro.
Bueno, el hombre que lo fue a visitar a su casa es Diego Olivares, exmiembro de la Policía de Santiago.
Tiene una, una prestigiosa agencia y un nombre bastante hábil, por lo que averigüe.
- Eso significa que hay que tomárselo en serio.
Toma asiento.
- Sí.
Entonces, ¿cómo, cómo podemos alejarlo de Valparaíso?
- ¿Có-cómo alejarlo?
No entiendo, don Gregorio.
- Qué sé yo, hombre.
Usted es el experto en ese tipo de cosas.
Deme ideas.
- Ah.
Claro.
¿Le, le puedo hacer una pregunta que...?
¿Qué es lo que realmente le importa que averigüe este tipo?
- No pregunte tonteras.
Lo sabe perfectamente.
- Ah, sí.
Mire... lo que pasa es que con tanto alboroto no había tenido tiempo pa', para pensar.
¿Ah?
Y bueno, me puse a hacer un poco de trabajo policial y... me estuve leyendo el expediente del asesinato de la gala y, y ahora como que se me juntan las piezas, como que se me empieza a armar el mono, como se dice, ¿ah?
Y ahora estoy entendiendo lo que realmente está pasando.
El hermano perdido del Pedro Ramírez, el oficial que lo robó, ya hace 30 años allá en el norte, en la matanza, y el que el viejo también buscaba cuando lo mataron.
Era como sumar dos más dos, como se dice.
Porque si el asesino de la gala es usted, como los dos sabemos, el hermano perdido del Pedro Ramírez no puede ser otro que su hijo, el comisionado Gaspar Sanfuentes.
¿O me equivoco?
[♪ música de suspenso] [risa] - ¿Pero qué fue lo que se tomó, hombre, por Dios, para pensar en una barbaridad así?
- Don Gregorio, no nos veamos la suerte entre gitanos.
- No, si no se trata de verse o no verse la suerte entre gitanos, pero ¿cómo se le ocurre que Gaspar, mi hijo, va a ser hermano de ese infeliz, de ese delincuente?
- Bueno, ¿cómo lo hacemos entonces?
¿Ah?
Porque yo me puedo jugar las cartas en el cuartel, porque el dibujo lo tengo clarito, aquí en mi mente, paso a paso, me leí todo el expediente completito, las declaraciones de Ramírez, de la doctora González, hasta las últimas palabras del viejo.
¿Ah?
Capitán de Navío, miembro de una distinguida familia, asesina con su propio sable a un exsoldado que al parecer había sido su subalterno en el norte.
¿Cuál sería el móvil del crimen?
¿Hmm?
¿Haber ocultado a un mocosito para hacerlo pasar por su hijo?
Y si la historia es buena, se pone mejor, porque ese niñito no es ni más ni menos que el jefe de la policía de Valparaíso, que creció en cuna de oro, mientras el contrabandista seguía viviendo en la calle, pasando hambre, frío.
- Cárdenas... - No, espérese un poquito, que ahora viene lo mejor.
Porque ese niñito contrabandista nunca, nunca dejó de buscar a su hermano.
Ahí me puedo equivocar quizás.
Pero la historia es buena, ¿no?
Suena bien, es bonito.
Emocionante.
Ya me imagino cómo se pondrían a llorar las viejas con esta historia.
Yo podría escribir un libro.
Ganaría, ganaría mucha plata.
Imagínense, y si la gente no me cree, mando a buscar al testigo que fondeamos, al que lo vio usted, pues.
¿Por qué yo no voy a quedar de mentiroso?
¿Ah?
Me imagino el lío que se armaría acá, en Valparaíso, con todo este cuento, con toda esta historia.
¿Qué Valparaíso?
Digo, si esto llegaría ya a la capital, a Santiago.
- ¿Qué querés, hijo de puta?
¿Ah?
¿Qué quieres ahora?
¿Más plata?
¿Más plata?
Olvídate, porque no tengo ni un céntimo, ni un céntimo... - No, tranquilo, don Gregorio, tranquilo.
Yo no quiero su plata, esto le va a salir gratis.
- ¿Gratis?
¿Cómo gratis?
- Como dicen los viejos: "A mí no me den, póngame donde 'haiga'".
- A ver, Ramírez, usted comprenderá que yo no puedo llegar y entregarle esa medalla.
De partida, ¿cómo puedo estar seguro que sea suya?
- El de plata tiene una tira de cuero, es de la Virgen de la Tirana.
Se la entregué a Anselmo la misma noche que lo mataron.
- No, que la conozca no significa que sea suya.
Perfectamente, pudo vérsela a él.
- ¿Y para qué vaya a querer tener una medalla que no es mía?
Ni que fuera de oro, ¿qué necesidad tendría?
- Bueno, no sé, pero no se la puedo entregar, Ramírez.
Es evidencia de un crimen.
- Crimen que yo no cometí y que usted parece que todavía no puede resolver.
Mire, esa medalla a usted no le sirve de nada.
Para mí es importante.
- ¿Por qué es tan importante?
- Porque me la dio mi madre.
Mi madre que en paz descanse.
Y es lo último que me queda de ella.
¿Puedes entender eso?
Mi madre era devota de la Virgen de la Tirana.
Y nos la dio como protección.
- ¿Nos la dio?
- Sí, a mí y a mi hermano.
Mi hermano tiene una igual.
Mire, hace 30 años que la llevo conmigo.
Y es lo último que me queda de mi familia.
- Ya se lo dije, no se la puedo devolver.
Es evidencia de un proceso que todavía está abierto, pero me comprometo a devolvérsela cuando termine la investigación, es todo lo que puedo hacer.
- Mire, le voy a decir algo para que pueda resolver este caso y me pueda entregar mi medalla.
Bueno, si es que todavía lo quiere resolver.
- No va a conseguir nada faltándome el respeto.
- A su detective, no lo mató Joselito.
- ¿Y cómo está tan seguro?
- Bueno, porque Joselito era un cholo viejo, ellos saben que matar a un policía, un paco, meterse en un forro.
Todo el mundo de la calle lo sabe, me imagino que usted también, ¿o no?
- Bueno, pudo haberlo matado por equivocación sin saber que era policía.
- Bueno, si hubiese sido así, al enterarse se habría ido arrancando, hubiese buscado el primer buque que encontrara en el puerto y ahora estaría navegando, ¿o qué cree?
¿Que estaría jugando cartas esperando que lo vayan a matar?
Mire, busque a una chiquilla que se supone que vio todo, Mireya es su nombre, yo la busqué, pero está desaparecida.
- Ramírez.
¿Cómo sabe estos detalles de la investigación?
- Porque su cuartel tiene más hoyos que colador, señor Sanfuentes, por eso.
Cuídeme la medalla.
[♪ música emotiva] - "Póngame donde 'haiga'", ¿qué quiere decir con eso?
- Eh, tranquilo, Don Gregorio, tranquilo, podemos hablar como, como, como dos caballeros, ¿no le parece?
¿Ah?
Gracias.
Eh... Mire, yo, yo ya llevo 30 años en la policía, ¿ah?
Y, ah, yo, yo ya me conozco... lo, lo, los cerros, El Almendral y los muelles, ¿y para qué?
Para nada, pues, ¿ah?
Pa' ganar una miseria de plata, Y, arriesgando la vida porque, porque los patos malos cada día están más alzados, ¿hmm?
Lo que le pasó al detective Heim, pobre.
¿Hmm?
Mañana me puede tocar, ¿no?
Me pueden pegar una puñalada, un, un, un disparo y de ahí me voy para arriba.
- Ya.
¿Qué es lo que quieres...?
- Eh... El gobernador acaba de renunciar a su puesto, está vacante.
Dicen que, que el veterano tiene sífilis y como que perdió algo en la mente, como que está medio perdido y bueno, pero, pero eso ya son pelambres, ya, ¿ah?
- Perdón, perdón, déjame ver si entendí bien.
¿Tú quieres ser gobernador?
- Hipólito Cárdenas, gobernador de Valparaíso.
[risa] - ¿Cuál es el chiste?
- Pero ¿qué tienes en la cabeza, hombre?
¿Tú sabes cuántos políticos...?
20, 20 o 30 políticos acuchillándose por, por conseguir ese puesto.
¿Por qué te lo van a dar a ti?
A ti.
Qué huevón.
[risa] - Bueno, ahí entra usted, don Gregorio.
Pro hombre de este puerto de Valparaíso.
¿Ah?
Director de Aduanas.
Presidente del Círculo de Oficiales en Retiro.
Va a tener que mover su hilo y hablar con el intendente para que me nombre a mí.
- Ya, ya, hombre, ya, suficiente.
Ya.
Ay, sí te puedo conseguir más plata, pero me vas a tener que dar más tiempo.
- No, no.
¿Escuchaste?
Más tiempo.
- No.
- Sí, sí.
- Yo no estoy hablando de plata.
Yo no quiero cargármelo más a usted con su plata.
¿No me escuchó?
Yo quiero el puesto.
Se lo dije clarito, "A mí no me den, pónganme donde 'haiga'".
[suspiro] ¡Ah!
Bueno, sería lamentable que, que Gaspar Sanfuentes se entere de que... de que usted no, no es su padre, pues, que la señora Antonia no es la mamá, y más encima tiene un hermano delincuente, contrabandista.
Oh, oh, oh.
Bueno, don Gregorio, quedo, quedo atento a... ...a sus noticias, pues.
Y pídase otra, ¿hmm?
A mi cuenta.
Hasta pronto.
[♪ música de suspenso] - ¿Qué es esto, Cornellius?
- ¿Cómo qué es esto?
Esto es un flamante aeroplano bimotor DC3, ¿sabes cómo le dicen?
- ¿Cómo?
- "El amo de los cielos".
- Muy impresionante.
- Vamos.
Vamos.
- Hmm... ¿Tú estabas pensando, pensando...?
- ¿Qué?
¿Qué?
A ver, tú me dijiste que pensara en algo espectacular, bueno, aquí lo tienes, arrendé un avión solo para nosotros dos.
- Ah, no, no, no, no, no, yo no me voy a subir a esa cosa.
- ¿Cómo esa cosa?
Es un aeroplano, no es un dragón que escupe fuego.
- Eh... - Antonia.
- No me voy a subir a eso ni en sueños, no, por favor, no, no lo voy a hacer.
- Antonia, ¿estás temblando?
Estás temblando, no lo puedo creer.
Antonia Williams le tiene miedo a volar, ¿le tienes miedo a volar?
- Volar, por favor.
¿Qué?
¿A volar dónde?
- ¿Le tienes miedo a volar?
- Eso es ridículo.
- Es un paseo simplemente, Antonia, vamos a pasear, no te voy a raptar ni te voy a llevar a Europa, ¿no?
Aunque sería muy buena idea que algún día fuéramos juntos a París, ¿vamos?
- Escúchame.
- Sí, te escucho.
Lo podemos hacer en tu dormitorio.
- Después.
- O, o, o en tu despacho.
O en tu jardín.
- No.
Donde quieras, pero ahí yo no me voy a subir.
- Aquí, aquí.
- Te volviste loco.
- Tú me vuelves loco.
En la cabina hay caviar, champaña helada y dos pilotos que cobran por hora.
Acompáñame.
Vamos, acompáñame.
- Sí, papá.
No, pero es que con Gaspar no somos unos chiquillos, creo que nos deberían haber preguntado antes de organizar cualquier cosa, pues.
Está bien.
Ya está bien, yo le cuento a Gaspar.
Sí, cuídese.
- Doctora.
- ¿Puede creer que mi papá y Antonia ya organizaron la visita de estilo para ver los detalles de la boda?
- ¿Visita de estilo?
¿Todavía se usa?
- Según mi papá, sí, Dios mío.
- Hay una señora afuera que quiere hablar con usted, es periodista.
- ¿Una periodista?
- Se enteró de la operación del Piojo y quieren hacerte una entrevista.
- ¿Una entrevista?
- Sí.
¿La hago pasar?
- Sí, claro.
- Ya.
Señora, por favor.
- Muchas gracias, muy buenas tardes.
- Buenas tardes.
- Soy Isabel Morel, directora de la revista "Nosotras".
- Mucho gusto.
- Un placer.
- Ya viene la mejor parte.
¿Estás nerviosa?
- No seas antipático.
Señorita, no es necesario que lo apriete tanto, porque si nos caemos, esto, esto no va a resultar, no va a servir para nada.
- Es su primera vez.
Tranquila.
- ¡Ay!
- Ya.
¡Ay!
- Aquí va, aquí va, aquí va, aquí va.
Abre los ojos, abre los ojos es la mejor parte, el despegue siempre ha sido la mejor parte.
Abre tus hermosos ojos.
Mira.
- Bormann, eres dueño de una naviera, con un paseo en bote habría bastado.
Ay.
- Este es nuestro paciente, todavía está un poco delicado, entonces no puede hablar mucho.
- Perfecto, gracias.
Hola, así que tú eres el famoso Piojo.
- Yo soy.
- ¿Te gustaría sacarte una foto con Eloísa?
- ¿Yo voy a salir en el diario?
- No necesariamente, esto es una revista, para ser más exacta.
- Pero por supuesto.
[risas] - ¿Ahora?
- Ya, perfecto.
Sí, por favor, ahora, ahora mismo.
- Estupendo.
- Sí, Sí, Sí.
Ya está bien.
- No, pero, Helena, quédese con nosotros.
- No, doctora, usted es la estrella, por favor.
- Ahí está.
- ¿Así estoy bien?
- Estás estupendo.
- Acerca, por favor, tu cara Un poco más a él.
- ¿Así?
- Un poquito más.
A ver.
Eloísa, se me había olvidado preguntarte algo.
¿Cuáles son tus planes para el futuro?
- ¿Para el futuro?
- Sí, por supuesto, no sé, puede ser arreglar este consultorio o tal vez llevar ese trabajo precioso que tú haces a más gente.
- Es que aquí en el consultorio vivimos el día a día, no nos alcanza para pensar en el futuro.
- Sí, claro.
Bueno, a ver, atentos a la foto, por favor, júntense un poquitito más.
Eso, un poquito, perfecto.
A ver, otra fotito.
Ahí sonriendo.
[suspiro] - Mi amor... Te fuiste sin esperarme, ¿qué pasó?
- Estoy jodido, Margot.
Absolutamente jodido.
- ¿Pero qué estás diciendo?
¿Qué pasó?
¿Qué?
¿Qué fue?
¿Herr Braun?
¿Nos está extorsionando de nuevo?
- No, no, ahora es el hijo de puta de Cárdenas, me tiene ahí en la palma de su mano.
- Ese hombre nunca me gustó, te lo dije.
- Lo sabe todo.
Lo sabe todo, todo, conoce toda mi vida, conoce cada detalle de mi vida, mi secre... todo.
Pero... Mi amor, ¿sabe lo del hombre de la gala?
- No sólo eso.
- ¿Qué?
Cuéntame, Gregorio, puedes confiar en mí.
No puede haber secretos entre nosotros, cuéntame.
- Algún día terminarás huyendo de mí.
- ¿Por qué dices eso?
No, me puedes contar lo que sea, yo voy a estar contigo siempre, yo te amo, nada nos va a separar.
¿Sí?
Cuéntame.
- Margot... Margot, me tienes que prometer que jamás, jamás vas a repetir lo que yo te voy a decir, porque créeme, si lo haces... ... todo, toda mi vida, todo lo que he construido se iría a la... [♪ música de suspenso]
Support for PBS provided by:
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is presented by your local public television station.
Distributed nationally by American Public Television















